Una balada por Bendis

En las arenas de Marte, donde la roca dulcísima arde y su pistilo de sangre, bajo un silencio de huesos, exhuma un rocío de olvido… Así comenzaría, como una letanía lánguida y descubro indefectiblemente cómo algo acaba para todos aquellos que les gustan las mismas cosas. He leído un cómic de Bendis y después sentía sólo la juventud del superhéroe y también que mi juventud moría en ese final convulsivo… ¡qué reclamo, qué garantía! “Quien no muera joven, se arrepentirá tarde o temprano”, sentencio no sin desgana. Y cuando termino este cómic, amanece el hastío y luego me provoca la necesidad de rezar, no por Bendis, sino por mi alma y todas las almas que mueren en las dunas nómadas de Marte.

Y es de momento, como brota una flor de una roca, así el subconsciente me habla en defensa de ¿Bendis?:

La crítica es un contrasentido: no hay que leer para comprender a los demás, sino para comprenderse a sí mismo.

Creer en Bendis nos dispensa de creer en cualquier otra cosa —lo cual supone una ventaja inestimable—. Siempre he envidiado a quienes creían en él, aunque creer en los finales de la obra de Bendis es como poder vislumbrar lo esencial y, seguidamente, permanecer tumbado todo el día, y gemir…

Yo, un pobre corderillo: podía imaginarlo todo, predecirlo todo, salvo hasta dónde puede uno hundirse… un final de cómic donde Bendis había aspirado a la santidad…

 

(Sentimientos y refutaciones después de leer la serie limitada de Secret War de Brian Michael Bendis)

El minino Fritz, mi alter ego Yorkshire josemaria@edlimitada.com

Published in: on septiembre 24, 2006 at 8:29 pm  Comments (11)  
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